domingo, 11 de marzo de 2012

“Si no se revierte la caza, la población de yaguaretés se extingue en unos 20 años”

Un yaguareté que era monitoreado a través del sistema de localización satelital GPS por investigadores del CONICET y naturalistas de la Fundación Vida Silvestre fue muerto por cazadores furtivos en el área protegida del Parque Provincial Urugua-í, en Misiones, informó el biólogo Agustín Paviolo.






“Lamentablemente ocurre frecuentemente, en 15 años han matado a 40 animales y a este, Guacurarí, lo encontramos a un kilómetro y medio de su collar, que había sido cortado y baleado para tratar de destruir el transmisor”, contó a Télam Paviolo, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).


La caza furtiva “es la causa mayor de declinación de la especie pese a que habita el parque de conservación provincial”, denunció.


“Si no se revierte la caza, la población de yaguaretés se extingue en unos 20 años”, estimó el biólogo.


Paviolo integra la organización no gubernamental Centro de Investigaciones del Bosque Atlántico (CEIBA) -que abarca una ecorregión que llega hasta el norte del Brasil- y se desempeña como investigador en la Universidad de Misiones, en Puerto Iguazú.


“Los cazadores furtivos trataron de despistarnos, separando el cuerpo del animal del collar, porque la gente en Misiones sabe que está prohibido cazar todo tipo de fauna silvestre y ve con muy malos ojos que vengan a depredar”, contó el biólogo.


El Parque Provincial Urugua-í comprende un millón de hectáreas de selva original habitada por unos 50 yaguaretés-, un cuarto de la población del gran felino americano en la Argentina.


“Es muy difícil verlos y encontrarlos, pero hay mucha gente cazando que, en algún momento, se cruza con ellos por azar y les disparan”, denunció Paviolo.


El biólogo contó que Guacurarí fue capturado dos veces: “Primero con un cebo -un chanchito- en una jaula trampa, y otra vez con un lazo que agarra la pata del animal sin lastimarlo”.


“Apenas lo agarramos y en no más de tres horas hacemos evaluación del estado físico del animal, preparamos dardo anestésico con drogas especiales para sedarlo y cuando se duerme tomamos muestras de sangre, pelos, parásitos como garrapatas, lo medimos, pesamos y colocamos el collar, que es la finalidad de la captura”, precisó.


El nombre del animal, Guacurarí, alude a uno de los héroes de los ejércitos libertadores, el comandante Andrés Guacurarí y Artigas.


El operativo forma parte de un trabajo de investigación en la selva paranaense que realiza desde hace años Paviolo con Mario Di Bitetti y Carlos De Angelo, para conocer el estado de la población de yaguaretés y comprender los factores que la afectan.


“Estamos tratando de transformar esta mala noticia en alguna política más activa de conservación de esta especie, tratando de revitalizar planes provinciales un poco dormidos que contienen acciones importantes, como reducir la caza furtiva poniendo más guardaparques con instrumentos para fiscalizar”, planteó.


La extinción del máximo predador -que cuenta con la mayor categoría de protección legal- es perniciosa para la biodiversidad de la selva misionera porque es el que regula las poblaciones de los animales más chicos, produciendo un efecto cascada beneficioso sobre plantas y semillas.


“El yaguareté y el puma se establecen donde hay más caza, en poblaciones de carnívoros más chicos que en ausencia de los mayores predadores tienen una explosión demográfica y sobreabundan como especie en un ecosistema”, indicó el biólogo.


Paviolo opinó que “además del valor ético de considerar el derecho de cada especie a la supervivencia, tiene incluso valor utilitario como símbolo y marca registrada para el turismo” en Misiones, donde es Patrimonio Natural Provincial desde 1988.


El investigador refirió que “los yaguaretés son muy esquivos, no les gusta que los vean y son poquitos los casos de ataque, siempre en situación de haberles disparado o acorralado con perros”.


“Si uno anda en la selva, no se produce una situación de peligro porque se escapan e incluso, con Guacurarí, supimos por el transmisor que anduvo en el área cataratas varias veces y nadie lo vio pese a que pasan por allí 5.000 personas al mes”, observó.


El monitoreo del animal durante seis años resultó relevante: “Conocemos un montón de detalles importantes sobre qué necesitan, qué situaciones evitan y en cuáles están bien; sabemos que comen animales bastantes grandes, como chanco de monte, corzuela o tapir, cada tres o cuatro días”.


“Hay mucho conocimiento y se sabe a ciencia cierta qué hacer, ahora hace falta lograr la implementación de la política de conservación de la especie y estoy convencido de que se pueden lograr cambios”, apostó Paviolo. 


Télam

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